sábado, 3 de agosto de 2013

Las experiencias nunca terminan

Hacía mucho que no escribía, desde mi querido viaje de estudios, pero creo que merece la pena hacer un stop en el silencio y escribir sobre la última vez que tendré esa inolvidable experiencia de ir a estudiar a Irlanda.

Tras cuatro maravillosos meses en estos cuatro años ha llegado el momento de decir adiós. La realidad es mucho más dura de lo que imaginaba cuando el día 1 de Julio me subí en el avión camino de Dublín por última vez. Entonces pensaba que iba a ser un mes terrible, que iba a aburrirme y que desearía más que nunca volver a casa de inmediato. Cuánto me equivocaba. En el aeropuerto vi a mis amigos de siempre, a los que solo veo ese mes al año y automáticamente volví a sonreír. Cuando llegamos al colegio y pude abrazar a gente de otras ciudades como Jorge o Javi, cuando descubrí que las cosas eran incluso mejores entre nosotros que el año anterior, una pequeña llama de esperanza creció en mi. Esa pequeña llama se convirtió en un gran cálido fuego cuando vi entrar por la puerta del Sports Hall a mi madre irlandesa y a mi hermanita pequeña vestida de princesa. Aquella carita de niña traviesa, esos ojitos azules que siempre me miran con admiración y esas manitas que puedo cubrir con mis dedos en la palma de mi mano eran algo que había extrañado más de lo que se puede cuantificar. Son mi familia después de tres años con ellos.

El colegio siempre me da miedo el primer día, el Placement Test, las dudas, los nervios, las ganas de descubrir el nivel, la ambición de llegar a lo más alto, de ser el orgullo del grupo. Fue una gran suerte y una gran sorpresa empezar en C2, con el mejor profesor que se puede desear. Pacelli, ese ancianito entrañable que explica fonética con la ilusión de un niño pequeño y con el que se pierde el sentido del ridículo cuando tienes que imitar extraños sonidos, ese profesor de Inglés que te enseña a encontrar cada uno de los pequeños detalles de una obra de ficción perfecta como es The Pearl, de John Steinbeck. Mis compañeros de clase, que también merecen una mención, la mejor clase en la que se puede estar. Diferentes voces que se quieren hacer oír con fuerza, opiniones muy diversas, actividades en grupo, teatros, poesías, sonrisas y miradas entre las mesas. No eran solo mis compañeros de clase, eran mis amigos, mis compañeros de debate, éramos un equipo y una pequeña familia.

Amigos hice de todos los países posibles, de Argentina, mis compañeros de clase Bernardita, Joaquín, María, Manuel, Agustina, Luciana, Santiago y nuestros oponentes en Gaelic Football Lautaro, Sigis, Augusto, Candela, de Uruguay, Micaela, Andrés, Juan, Rafaela, Sofía, Nati, de Italia, Vini, Andrea, Eduardo, de España, mis amigos de todos los años, Cristina, Jorge, Javi, Alex, Miguel, Guille, y los nuevos amigos, Carmen, Andy, Cris Olcoz, Cris Oltra... Si me olvido del nombre de alguien que me perdone, pero que sepa que simplemente es difícil enumerar personas, no me olvido de ninguno en mi recuerdo. También hice amigos irlandeses, muchos amigos de mi hermana mayor. Es muy complicado decir adiós a tanta gente y de forma tan separada. He llorado mucho despidiéndome de todos, he sentido cada vez el vacío de mi corazón más grande, he sentido como crecía con la partida de cada una de las personas que han hecho especial mi viaje, pero supongo que ese vacío se llena poco a poco con los recuerdos que tenemos juntos. Porque el viaje solo ha sido posible gracias a vosotros, mis amigos. Porque tengo algo que me recuerda cada momento que pasamos juntos, cada risa, cada abrazo, cada palabra de ánimo, cada chiste, cada partido, cada apuesta. Porque hay algo de todos vosotros en mi ahora y porque algunos significáis para mi más de lo que podéis imaginar.

Es una idea imposible de asumir pasear por las calles de Dublín, mirar sus pintorescos edificios, respirar el aire de la ciudad y saber que será la última vez que el espíritu de la ciudad estará contigo. Dublín es una ciudad impresionante y encantadora, es el lugar perfecto y hace que el corazón se desboque con una nueva e interesante visión en cada esquina. Visitarla es hacer miles de fotos, es caminar con tranquilidad y sentirse parte del barullo, relajarse en el ruido y el ajetreo y disfrutar de cada centímetro, de cada milímetro de suelo, de pared y de cielo que te rodea, es empaparse de cultura, de extrañezas, de excentricidades y aprender a mirar el mundo desde otro punto de vista.

Creo que de este viaje, de este último viaje, me llevo los mejores recuerdos de mi vida y las mejores personas que he conocido. De este viaje he aprendido algo más que Inglés. He aprendido lecciones para una vida, he descubierto un poco más de mi misma y de los demás y he aprendido a mirar desde otros ángulos. Es cierto que también supondrá uno de los grandes anhelos de mi vida, que será la gran causa de mi nostalgia, pero espero seguir extrañando mi ciudad y extrañándoos a vosotros para siempre, porque para siempre es mucho tiempo, pero nunca es suficiente si se trata de las cosas que más amo.

1 comentario:

Cristina Rodero dijo...

Chary, completa y absolutamente brillante, como siempre. Te quiero y siempre te querré.